Me voy a separar. ¿Quién paga la hipoteca?

Después de un divorcio, ¿qué pasa con la hipoteca?
Cuando se termina una relación, siempre surgen dudas al repartir los bienes. El coche, los muebles… y la hipoteca. ¿Qué se supone que pasa con esa deuda con el banco?

Según las circunstancias de cada pareja, hay muchas opciones. Los últimos años, desde que empezó la crisis, es cada vez más común ver parejas que deciden romper su relación, pero continúan viviendo bajo el mismo techo y pagando juntos la hipoteca. Normalmente, es a la espera del mejor momento para vender o, simplemente, porque no pueden pagar dos viviendas.

Una segunda opción, también bastante común, es que uno de los dos se quede a vivir en la vivienda y el otro se vaya de alquiler o se instale en casa sus padres. De esta forma, no se ven obligados a convivir. Además, podrán alquilar una habitación y destinar el alquiler a pagar la parte de la hipoteca del que se ha marchado.

¿Cuáles son las soluciones más habituales para pagar la hipoteca?

No obstante, estas no son las soluciones más habituales. Estas, en cambio, siguen siendo las 3 tradicionales: vender la vivienda, entregársela al banco o que uno de los dos se quede la hipoteca.

1. Vender la vivienda y cancelar la hipoteca.

Es la solución más común después de una separación. En este caso, se vende, se amortiza la hipoteca y se reparte lo que haya podido quedar.

Aquellas parejas que se decantan por esta opción tienen una gran ventaja: dejan de depender el uno del otro en cuanto a deudas y patrimonio. Se ahorran, por tanto, muchos posibles conflictos. La parte mala es que ambas partes tendrán que buscar una nueva vivienda.

2. Entregar la casa al banco.

Cuando no es posible vender la vivienda por el mínimo de lo que queda de pagar de la hipoteca, se utiliza la dación en pago. Eso sí, el banco puede no aceptar esta opción. Sólo la aceptará si los hipotecados están en riesgo de exclusión social y les compensa más aceptarla.

3. Uno se queda la vivienda y su hipoteca.

Es posible que, ante una separación o divorcio, uno de los miembros de la pareja decida quedarse la casa. Para ello, tendría que adquirir el total de la vivienda y, por tanto, asumir lo que quede de hipoteca.

En ese caso, habría que hacer una extinción de condominio. Se trata de una solución jurídica por la que se disuelve un bien común, si bien siempre es recomendable ir al notario y firmar la compra-venta. No sólo es más seguro, sino que además da ventajas a nivel fiscal.

Si el titular que se queda con la vivienda es el más solvente, por ingresos y patrimonio, esta operación tiene más posibilidades de éxito, incluso si no se le ofrecen garantías adicionales. No obstante, es probable que las condiciones financieras del préstamo hipotecario empeoren.

Si esta información te ha resultado útil, te sugerimos que sigas navegando por los siguientes enlaces:

Qué es la sociedad en gananciales

Los derechos de la pareja de hecho

Consecuencias fiscales de una ruptura